jueves, 8 de junio de 2017

Julio Cortázar: "Carta a una señorita en París"

Andrée, yo no quería venirme a vivir a su departamento de la calle Suipacha. No tanto por los conejitos, más bien porque me duele ingresar en un orden cerrado, construido ya hasta en las más finas mallas del aire, esas que en su casa preservan la música de la lavanda, el aletear de un cisne con polvos, el juego del violín y la viola en el cuarteto de Rará. Me es amargo entrar en un ámbito donde alguien que vive bellamente lo ha dispuesto todo como una reiteración visible de su alma, aquí los libros (de un lado en español, del otro en francés e inglés), allí los almohadones verdes, en este preciso sitio de la mesita el cenicero de cristal que parece el corte de una pompa de jabón, y siempre un perfume, un sonido, un crecer de plantas, una fotografía del amigo muerto, ritual de bandejas con té y tenacillas de azúcar... Ah, querida Andrée, qué difícil oponerse, aun aceptándolo con entera sumisión del propio ser, al orden minucioso que una mujer instaura en su liviana residencia. Cuán culpable tomar una tacita de metal y ponerla al otro extremo de la mesa, ponerla allí simplemente porque uno ha traído sus diccionarios ingleses y es de este lado, al alcance de la mano, donde habrán de estar. Mover esa tacita vale por un horrible rojo inesperado en medio de una modulación de Ozenfant, como si de golpe las cuerdas de todos los contrabajos se rompieran al mismo tiempo con el mismo espantoso chicotazo en el instante más callado de una sinfonía de Mozart. Mover esa tacita altera el juego de relaciones de toda la casa, de cada objeto con otro, de cada momento de su alma con el alma entera de la casa y su habitante lejana. Y yo no puedo acercar los dedos a un libro, ceñir apenas el cono de luz de una lámpara, destapar la caja de música, sin que un sentimiento de ultraje y desafio me pase por los ojos como un bando de gorriones.
Julio Cortázar: “Carta a una señorita en París”
No es exagerado afirmar que Julio Cortázar es el mejor escritor de cuentos en español de todos los tiempos. Y uno de los mejores de la literatura universal. Nunca se limitó a la realidad sino que buscó sus límites para superarlos. Su escritura es cercana, rebelde, exigente. Su lectura es amena, inconformista, interpeladora. Su vida también, pues no podrían concebirse una sin otra. 
Me costó elegir un cuento. Al final opté por el inicio de "Carta a una señorita en París", donde el protagonista vive la rara experiencia de vomitar conejitos y preguntarse (y preguntarnos) qué hacer con ellos, qué pasará después. Parece mentira (pero si lo fuera qué sería, qué será verdad) que este cuento ya tiene sesenta y cinco años. El texto completo puede leerse aquí.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.