Párate a pensar.
Por un momento párate a pensar:
¿Qué estás haciendo?
¿Por qué lo estás haciendo?
¿En qué estás pensando?
¿En qué deberías estar pensando?
¿Por qué deberías estar pensando en algo en concreto?
Si no se te ocurre una respuesta no pensaste.
Si no se te ocurre una respuesta idónea siempre podrás seguir buscándola.
Si no querrías seguir buscándola no importa. Quédate con la vida.
Si no le viste sentido a estas preguntas sin respuesta no lo busques más: llegaste al absurdo.
Si le viste algún sentido pero no lo entiendes del todo... hallaste el existencialismo.
Augusto piensa demasiado. Tuvo una vida con su madre y al morir la madre se quedó con su ausencia, que pretende llenarla de pensamientos. Los pensamientos quieren justificar su vida. Nombra el amor. Le da el nombre y la presencia de una persona, Eugenia. Adopta un perro, también le da un nombre, Orfeo. Augusto quiere llenar de nombres la ausencia. Está contenido. Con tanto pensamiento enmascara su angustia, su profunda soledad. Comprende sin comprender. Se resigna al azar pero no a cualquier azar. Es un azar elegido de entre todos los posibles azares para tener un rumbo, un objetivo. Para tener una causa. Para no desbordarse. Está contenido, dijimos. Lo dejaremos justo al borde. Al borde de sí mismo. Preguntándose si en realidad está enamorado. Si además de pensamiento también puede ser sentimiento.
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