LAS VANGUARDIAS
Época en la que se desarrolla: Primera mitad del siglo
XX (sobre todo los años 20-30)
Características generales de
las vanguardias europeas
- Las
vanguardias europeas surgen con la intención de ser una ruptura con la todo el arte y toda
la literatura anterior por la crisis de conciencia que se venía
arrastrando desde el modernismo e incluso desde el romanticismo, y que se
acentúa por el estallido de la Primera Guerra Mundial.
- El término
‘vanguardia’ (calco del francés avant-garde)
se refiere a los nuevos movimientos que surgen como radical oposición a la
estética anterior y que se presentan con manifiestos, textos en los que exponen sus ideas.
- El
vanguardismo proclama la liberación absoluta, tanto de las formas como del
pensamiento, como una extrema exploración de la realidad.
- Entre los
numerosos ismos que denominan
cada movimiento destacan:
a) El Dadaísmo
surge en 1916 y es encabezado por el suizo Tristan Tzara. Su nombre –
elegido al abrir un diccionario al azar – es el de un balbuceo infantil: da-da. El violento rechazo a la
«racionalidad» – que condujo a la guerra – les lleva a propugnar «la fantasía
de cada individuo» usando un lenguaje incoherente, rebelándose contra la
lógica, las convenciones estéticas o sociales y el sentido común.
b) El Cubismo
nace como escuela pictórica pero encuentra su expresión literaria en los
caligramas, término que inventó Guillaume Apollinaire para desginar a un poema
que forma una «imágenes visuales» mediante la disposición tipográfica de los
versos. Otro artificio visual es el collage, que consiste en tomar un
determinado número de elementos de obras, de objetos, de mensajes ya existentes
e integrarlos en una obra nueva.
c) El Futurismo
nace en 1909 con la publicación de su primer manifiesto a cargo de F.T.
Marinetti. Su expresión es antirromántica y ajena a la sentimentalidad. Exalta
la civilización mecánica y técnica con temas como la máquina, el avión, el
deporte: «Un automóvil de carreras es más hermoso que la Victoria de
Samotracia».
d) El Ultraísmo
y el Creacionismo son ismos que tuvieron repercusión en
España. El primero indica su voluntad de ir más allá y elabora temas afines al
Futurismo y los caligramas; mientras que el Creacionismo, según el chileno
Vicente Huidobro, quería «hacer un arte que no imite ni traduzca la realidad»,
con lo que el poema será un objeto autónomo como «creación» absoluta y no
imitación de la naturaleza o la realidad.
e) El
Surrealismo es el movimiento más importante y difundido, pues no sólo
pretende renovar la estética literaria, sino que quiere ser una revolución
integral. Sus principales representantes son Paul Élouard, Louis Aragon y sobre
todo André Breton. Para los surrealistas, lo que llamamos vida es una apariencia de realidad. Hay que conquistar una verdadera vida, alcanzar una superrealidad
(sur-réalité) donde queda atrás la
monotonía, la vaguedad de las acciones, los deseos incumplidos bajo el
pensamiento occidental. Se busca, por tanto, liberar el poder creador del
hombre y en esto la poesía será el instrumento ideal de conocimiento por la
liberación del lenguaje. Se practicará la escritura automática, que consiste en
escribir sin pensar en el sentido de las palabras, como pura expresión del
inconsciente, elemento clave de exploración según las doctrinas psicoanalíticas
de Freud. La comprensión vendrá entonces por la emoción y no por el
entendimiento. Sin embargo, el surrealismo español practica una intencionada
idea creadora como hilo conductor en Lorca, Dalí, Buñuel, Gerardo Diego...
GENERACIÓN O GRUPO POÉTICO DEL 27
1. A diferencia de otros grupos similares, la Generación del 27 – o
más bien el Grupo – adquiere una aceptación entre sus miembros por reunirse
como homenaje al tercer centenario de la muerte de Luis de Góngora, en 1627, en
reivindicación de su figura.
2. De entre sus miembros hay una nómina de diez componentes: García Lorca,
Cernuda, Salinas, Rafael Alberti, Guillén, Gerardo Diego, Dámaso Alonso,
Aleixandre, Prados y Altolaguirre; aunque podrían añadirse otros muchos afines
y coetáneos a ellos.
3. La Residencia de Estudiantes, de Madrid, fue el lugar de encuentro
donde acudieron, atraídos por las tertulias y las actividades culturales.
4. Si no un estilo común, sí comparten afinidades estéticas:
a) La emoción viene a ser refrenada por el
intelecto: «Inteligencia, sentimiento y sensibilidad contra intelectualismo,
sentimentalismo y sensiblería» (J. Bergamín)
b) La poesía es concebida como algo
inexplicable, demiúrgico. Para Dámaso Alonso es un «impulso que no está muy
lejano de lo religioso». Es un equilibrio entre la concepción romántica y la
concepción clásica de la creación poética.
c) Son evidentes las ansias de belleza en
todos ellos, pero Pedro Salinas decía: «Estimo en poesía, sobre todo, la
autenticidad. Luego, la belleza...»
d) En sus trayectorias alternan hermetismo y
claridad. En casi todos estos poetas puede hablarse de una apertura del yo al nosotros.
e) Su obra aspira a ser mundial y nacional.
Como dijo Dámaso Alonso, «aunque abierta a muchos influjos exteriores, está
profundamente arraigada en la entraña nacional y literaria española».
f) Son partícipes de los movimientos de
Vanguardia pero tienden a frenar las innovaciones por su admiración de las
generaciones anteriores: Unamuno, Machado, Rubén Darío, Bécquer... De entre
ellos sus maestros serán Juan Ramón Jiménez y Ramón Gómez de la Serna con sus
greguerías. Su amor por los clásicos fue inmenso: como críticos han dejado
magistrales estudios de Manrique, Quevedo, Fray Luis, San Juan de la Cruz, Lope
de Vega, Góngora...
5. También fue conjunta la evolución poética aunque no todos al mismo
tiempo:
a) En la primera
etapa (hasta 1927) se nota la influencia de sus poetas admirados, desde lo
humano (Bécquer) al ideal de poesía pura de Juan Ramón Jiménez y, sobre todo,
la lírica popular y la huella clásica en métrica y temática.
b) En la segunda
etapa (1927-1936) hay un cansancio por los ideales esteticistas (Góngora) y
aumenta el interés por el surrealismo, que surge en esta época. La inminente
Guerra Civil suscita la preocupación por temas sociales y políticos. Algunos
poetas serán militantes pero todos mostrarán su apoyo a la República.
c) La tercera
etapa (desde 1936) viene marcada por la Guerra Civil. Lorca ha muerto y los
demás – salvo Aleixandre, Alonso y Diego – se exilian. Cada cual sigue su rumbo
pero ninguno abandonará una poesía de carácter humano. En el exilio hablarán
sobre todo del dolor humano (Guillén) mientras que en España la poesía deriva
hacia la angustia, cuya muestra más intensa es Hijos de la ira (1944) de Dámaso Alonso. La importancia del Grupo
motivó la concesión del premio Nobel a Vicente Aleixandre en 1977 como su
representante, además de que su época haya sido reconocida como la Edad de
Plata de la literatura española. Por cuestiones de tiempo y de espacio no vamos
a desarrollar un análisis de todos los miembros del Grupo. Valga esta breve
nota.
Federico García Lorca (1898-1936) estudió música y en la Residencia
de Estudiantes entablará relación con artistas jóvenes, como Buñuel o Dalí y
con los miembros del Grupo, quienes lo situarán a la cabeza del grupo. Poema del cante jondo (1927) y El romancero gitano (1928) alcanzarán una
gran popularidad con su tono popular y su preocupación por los marginados y
perseguidos. Según el propio Lorca, en el libro «hay un solo personaje real,
que es la pena que se filtra». La estancia en Estados Unidos precisamente en el
momento del crack del 29 es un hito
crucial en su vida al escribir Poeta en
Nueva York. Su contacto con una ciudad tan significativa en semejante
crisis le induce a una poesía violenta, de imágenes intensas y crudas, de
tintes apocalípticos. Formalmente parece una poesía surrealista como expresión
de un mundo absurdo. A partir de Poeta en
Nueva York Lorca se dedicará sobre todo al teatro (aunque seguirá
escribiendo poesía). Funda la compañía La Barraca y se propondrá acercar el
teatro al pueblo. Murió fusilado, dicen que en el barranco de Víznar, donde hoy
aún buscan sus restos con la aceptación y el rechazo de su familia por exhumar
su cadáver.
Luis Cernuda (1902-1963) nació en Sevilla y en su universidad fue
alumno de Pedro Salinas. Se exilió en 1938 y fue profesor en diversas
universidades inglesas y estadounidenses. A partir de 1953 vivió en México,
donde acabó residiendo. Era de una personalidad solitaria y dolorida, y de gran
sensibilidad exacerbada y vulnerable. Se consideraba un «inadaptado», con
«cierta vena protestante y rebelde». Cernuda es el poeta que canta a la
adolescencia, al amor, al cansancio, al dolor. Su centro temático radica entre
el deseo de alcanzar lo prohibido y la realidad de los límites impuestos por el
mundo que le rodea. La realidad y el
deseo será el título con que se reunirán los dos libros de su experiencia
surrealistas: Un río, un amor (1929)
y Los placeres prohibidos (1931). En
lugar de la escritura automática del surrealismo hallamos unas imágenes
evocadoras del sentido y del sentimiento que logren transgredir la realidad.
Los siguientes libros, desde Donde habite
el olvido (1932-1933) a Desolación de
la quimera (1956-1962), hablan con su propio título de su incurable
amargura, aunque eso no significa que también hallemos poemas entusiastas y
alentadores.
Pedro Salinas (1891-1951) se dedicó a la docencia universitaria
desde su estancia como lector de español en la Sorbona (1914-1917) hasta su muerte,
en Boston. La poesía es para él un modo de acceso a las honduras de la
realidad, a la esencia de cosas y experiencias vitales. De ahí sus palabras:
«La poesía es una aventura hacia lo
absoluto. Se llega más o menos cerca, se recorre más o menos camino: eso es
todo». Los tres elementos básicos de su creación aparecen en otras
declaraciones suyas: «Estimo en la poesía, sobre todo la autenticidad. Luego, la
belleza. Después, el ingenio».
Aunque su poesía parezca sencilla, se trata de una lengua y unos versos
rigurosamente trabajados. Sus tres primeros libros pueden inscribirse en una
línea de poesía pura como Juan Ramón: Presagios
(1923), Seguro azar (1929) Fábula y signo (1931). Vienen luego sus
dos obras maestras: La voz a ti debida
(1933) y Razón de amor (1936). Su
visión es antirromántica, pues el amor, en Salinas, es una fuerza que da
plenitud a la vida y confiere sentido al mundo, es enriquecimiento del propio
ser y de la persona amada. Tras la Guerra, aparecerán en América otros libros
donde lucha con su fe en la vida y los signos angustiosos que ve a su
alrededor: El contemplado (1946), Todo más claro (1949) y Confianza (1955).
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