lunes, 9 de noviembre de 2015

Las vanguardias literarias y la Generación del 27

LAS VANGUARDIAS

Época en la que se desarrolla: Primera mitad del siglo XX (sobre todo los años 20-30)

Características generales de las vanguardias europeas

  1. Las vanguardias europeas surgen con la intención de ser una ruptura con la todo el arte y toda la literatura anterior por la crisis de conciencia que se venía arrastrando desde el modernismo e incluso desde el romanticismo, y que se acentúa por el estallido de la Primera Guerra Mundial.
  2. El término ‘vanguardia’ (calco del francés avant-garde) se refiere a los nuevos movimientos que surgen como radical oposición a la estética anterior y que se presentan con manifiestos, textos en los que exponen sus ideas.
  3. El vanguardismo proclama la liberación absoluta, tanto de las formas como del pensamiento, como una extrema exploración de la realidad.
  4. Entre los numerosos ismos que denominan cada movimiento destacan:
a)      El Dadaísmo surge en 1916 y es encabezado por el suizo Tristan Tzara. Su nombre – elegido al abrir un diccionario al azar – es el de un balbuceo infantil: da-da. El violento rechazo a la «racionalidad» – que condujo a la guerra – les lleva a propugnar «la fantasía de cada individuo» usando un lenguaje incoherente, rebelándose contra la lógica, las convenciones estéticas o sociales y el sentido común.
b)      El Cubismo nace como escuela pictórica pero encuentra su expresión literaria en los caligramas, término que inventó Guillaume Apollinaire para desginar a un poema que forma una «imágenes visuales» mediante la disposición tipográfica de los versos. Otro artificio visual es el collage, que consiste en tomar un determinado número de elementos de obras, de objetos, de mensajes ya existentes e integrarlos en una obra nueva.
c)      El Futurismo nace en 1909 con la publicación de su primer manifiesto a cargo de F.T. Marinetti. Su expresión es antirromántica y ajena a la sentimentalidad. Exalta la civilización mecánica y técnica con temas como la máquina, el avión, el deporte: «Un automóvil de carreras es más hermoso que la Victoria de Samotracia».
d)      El Ultraísmo y el Creacionismo son ismos que tuvieron repercusión en España. El primero indica su voluntad de ir más allá y elabora temas afines al Futurismo y los caligramas; mientras que el Creacionismo, según el chileno Vicente Huidobro, quería «hacer un arte que no imite ni traduzca la realidad», con lo que el poema será un objeto autónomo como «creación» absoluta y no imitación de la naturaleza o la realidad.
e)      El Surrealismo es el movimiento más importante y difundido, pues no sólo pretende renovar la estética literaria, sino que quiere ser una revolución integral. Sus principales representantes son Paul Élouard, Louis Aragon y sobre todo André Breton. Para los surrealistas, lo que llamamos vida es una apariencia de realidad. Hay que conquistar una verdadera vida, alcanzar una superrealidad (sur-réalité) donde queda atrás la monotonía, la vaguedad de las acciones, los deseos incumplidos bajo el pensamiento occidental. Se busca, por tanto, liberar el poder creador del hombre y en esto la poesía será el instrumento ideal de conocimiento por la liberación del lenguaje. Se practicará la escritura automática, que consiste en escribir sin pensar en el sentido de las palabras, como pura expresión del inconsciente, elemento clave de exploración según las doctrinas psicoanalíticas de Freud. La comprensión vendrá entonces por la emoción y no por el entendimiento. Sin embargo, el surrealismo español practica una intencionada idea creadora como hilo conductor en Lorca, Dalí, Buñuel, Gerardo Diego...


GENERACIÓN O GRUPO POÉTICO DEL 27

1. A diferencia de otros grupos similares, la Generación del 27 – o más bien el Grupo – adquiere una aceptación entre sus miembros por reunirse como homenaje al tercer centenario de la muerte de Luis de Góngora, en 1627, en reivindicación de su figura.
2. De entre sus miembros hay una nómina de diez componentes: García Lorca, Cernuda, Salinas, Rafael Alberti, Guillén, Gerardo Diego, Dámaso Alonso, Aleixandre, Prados y Altolaguirre; aunque podrían añadirse otros muchos afines y coetáneos a ellos.
3. La Residencia de Estudiantes, de Madrid, fue el lugar de encuentro donde acudieron, atraídos por las tertulias y las actividades culturales.
4. Si no un estilo común, sí comparten afinidades estéticas:
a) La emoción viene a ser refrenada por el intelecto: «Inteligencia, sentimiento y sensibilidad contra intelectualismo, sentimentalismo y sensiblería» (J. Bergamín)
b) La poesía es concebida como algo inexplicable, demiúrgico. Para Dámaso Alonso es un «impulso que no está muy lejano de lo religioso». Es un equilibrio entre la concepción romántica y la concepción clásica de la creación poética.
c) Son evidentes las ansias de belleza en todos ellos, pero Pedro Salinas decía: «Estimo en poesía, sobre todo, la autenticidad. Luego, la belleza...»
d) En sus trayectorias alternan hermetismo y claridad. En casi todos estos poetas puede hablarse de una apertura del yo al nosotros.
e) Su obra aspira a ser mundial y nacional. Como dijo Dámaso Alonso, «aunque abierta a muchos influjos exteriores, está profundamente arraigada en la entraña nacional y literaria española».
f) Son partícipes de los movimientos de Vanguardia pero tienden a frenar las innovaciones por su admiración de las generaciones anteriores: Unamuno, Machado, Rubén Darío, Bécquer... De entre ellos sus maestros serán Juan Ramón Jiménez y Ramón Gómez de la Serna con sus greguerías. Su amor por los clásicos fue inmenso: como críticos han dejado magistrales estudios de Manrique, Quevedo, Fray Luis, San Juan de la Cruz, Lope de Vega, Góngora...
5. También fue conjunta la evolución poética aunque no todos al mismo tiempo:
a) En la primera etapa (hasta 1927) se nota la influencia de sus poetas admirados, desde lo humano (Bécquer) al ideal de poesía pura de Juan Ramón Jiménez y, sobre todo, la lírica popular y la huella clásica en métrica y temática.
b) En la segunda etapa (1927-1936) hay un cansancio por los ideales esteticistas (Góngora) y aumenta el interés por el surrealismo, que surge en esta época. La inminente Guerra Civil suscita la preocupación por temas sociales y políticos. Algunos poetas serán militantes pero todos mostrarán su apoyo a la República.
c) La tercera etapa (desde 1936) viene marcada por la Guerra Civil. Lorca ha muerto y los demás – salvo Aleixandre, Alonso y Diego – se exilian. Cada cual sigue su rumbo pero ninguno abandonará una poesía de carácter humano. En el exilio hablarán sobre todo del dolor humano (Guillén) mientras que en España la poesía deriva hacia la angustia, cuya muestra más intensa es Hijos de la ira (1944) de Dámaso Alonso. La importancia del Grupo motivó la concesión del premio Nobel a Vicente Aleixandre en 1977 como su representante, además de que su época haya sido reconocida como la Edad de Plata de la literatura española. Por cuestiones de tiempo y de espacio no vamos a desarrollar un análisis de todos los miembros del Grupo. Valga esta breve nota.


     Federico García Lorca (1898-1936) estudió música y en la Residencia de Estudiantes entablará relación con artistas jóvenes, como Buñuel o Dalí y con los miembros del Grupo, quienes lo situarán a la cabeza del grupo. Poema del cante jondo (1927) y El romancero gitano (1928) alcanzarán una gran popularidad con su tono popular y su preocupación por los marginados y perseguidos. Según el propio Lorca, en el libro «hay un solo personaje real, que es la pena que se filtra». La estancia en Estados Unidos precisamente en el momento del crack del 29 es un hito crucial en su vida al escribir Poeta en Nueva York. Su contacto con una ciudad tan significativa en semejante crisis le induce a una poesía violenta, de imágenes intensas y crudas, de tintes apocalípticos. Formalmente parece una poesía surrealista como expresión de un mundo absurdo. A partir de Poeta en Nueva York Lorca se dedicará sobre todo al teatro (aunque seguirá escribiendo poesía). Funda la compañía La Barraca y se propondrá acercar el teatro al pueblo. Murió fusilado, dicen que en el barranco de Víznar, donde hoy aún buscan sus restos con la aceptación y el rechazo de su familia por exhumar su cadáver.
     Luis Cernuda (1902-1963) nació en Sevilla y en su universidad fue alumno de Pedro Salinas. Se exilió en 1938 y fue profesor en diversas universidades inglesas y estadounidenses. A partir de 1953 vivió en México, donde acabó residiendo. Era de una personalidad solitaria y dolorida, y de gran sensibilidad exacerbada y vulnerable. Se consideraba un «inadaptado», con «cierta vena protestante y rebelde». Cernuda es el poeta que canta a la adolescencia, al amor, al cansancio, al dolor. Su centro temático radica entre el deseo de alcanzar lo prohibido y la realidad de los límites impuestos por el mundo que le rodea. La realidad y el deseo será el título con que se reunirán los dos libros de su experiencia surrealistas: Un río, un amor (1929) y Los placeres prohibidos (1931). En lugar de la escritura automática del surrealismo hallamos unas imágenes evocadoras del sentido y del sentimiento que logren transgredir la realidad. Los siguientes libros, desde Donde habite el olvido (1932-1933) a Desolación de la quimera (1956-1962), hablan con su propio título de su incurable amargura, aunque eso no significa que también hallemos poemas entusiastas y alentadores.

     Pedro Salinas (1891-1951) se dedicó a la docencia universitaria desde su estancia como lector de español en la Sorbona (1914-1917) hasta su muerte, en Boston. La poesía es para él un modo de acceso a las honduras de la realidad, a la esencia de cosas y experiencias vitales. De ahí sus palabras: «La poesía es una aventura hacia lo absoluto. Se llega más o menos cerca, se recorre más o menos camino: eso es todo». Los tres elementos básicos de su creación aparecen en otras declaraciones suyas: «Estimo en la poesía, sobre todo la autenticidad. Luego, la belleza. Después, el ingenio». Aunque su poesía parezca sencilla, se trata de una lengua y unos versos rigurosamente trabajados. Sus tres primeros libros pueden inscribirse en una línea de poesía pura como Juan Ramón: Presagios (1923), Seguro azar (1929) Fábula y signo (1931). Vienen luego sus dos obras maestras: La voz a ti debida (1933) y Razón de amor (1936). Su visión es antirromántica, pues el amor, en Salinas, es una fuerza que da plenitud a la vida y confiere sentido al mundo, es enriquecimiento del propio ser y de la persona amada. Tras la Guerra, aparecerán en América otros libros donde lucha con su fe en la vida y los signos angustiosos que ve a su alrededor: El contemplado (1946), Todo más claro (1949) y Confianza (1955).

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