ILUSTRACIÓN
Época en la que se desarrolla: Siglo XVIII (Siglo de
las luces)
Características generales de la
Ilustración
- La cultura
europea, encabezada por Francia, manifiesta su preferencia por el uso de
la razón en todas las
actividades de la vida humana. El movimiento racionalista es difundido por
el grupo de la Encyclopédie,
editada por Diderot y D’Alembert, quienes a su vez seguían la corriente de
filósofos de finales del siglo XVII como Bacon, Spinoza, Locke o
Descartes.
- En España
se crean instituciones a semejanza de las francesas: Biblioteca Nacional
(1712), Real Academia Española (1713), Real Academia de la Historia (1735)
y las Sociedades de Amigos del País. Su objetivo será reunir las diversas
fuentes de conocimiento y rescatar, conservar y divulgar el patrimonio
cultural.
- El
pensamiento reformista de la decadencia barroca supone un nuevo concepto
del arte y de la literatura: el Neoclasicismo,
que pretende establecer una armonía perfecta entre la naturaleza y el
hombre valiéndose de la razón, pues sólo lo que es razonable es natural.
Hay que obedecer las reglas establecidas por los hombres de acuerdo con la
leyes de la naturaleza, que será el modelo a imitar.
- Las formas
clásicas de los escritores grecolatinos serán retomadas desde esta nueva
conciencia, donde la expresión de los sentimientos no tiene cabida. A fin
de lograr la rápida asimilación del nuevo pensamiento, los intelectuales
llevarán a cabo una dura crítica social de las costumbres cívicas y
religiosas.
Principales escritores ilustrados
españoles
José Cadalso (1741-1782). Fue un gran conocedor de la
cultura europea de su tiempo y conoció a ilustrados como Voltaire, pero también
leyó a los prerrománticos ingleses, franceses y alemanes (Blake, Novalis,
Schlegel, Goethe, etc.). Aunque la obra que le dio fama es Los eruditos a la violeta (1772) hoy es reconocido sobre todo por
las póstumas Cartas marruecas (1793)
y Noches lúgubres (1798).
Leandro Fernández de Moratín (1760-1828). Escribió poesía y teatro, como
su padre Nicolás Fernández de Moratín, pero su fama le ha sido dada por el
teatro, al que dedicó sus esfuerzos para reformarlo con La comedia nueva (1792) y El
sí de las niñas (1805). La calidad de su obra le valió el apoyo de los
nobles y los políticos españoles, entre ellos Godoy, el regente durante la
dominación francesa.
ROMANTICISMO
Época en la que se desarrolla: Siglo XIX
Características generales del
Romanticismo
- El
Romanticismo no sólo es una corriente estética, sino que es el producto de
una profunda crisis. El idealismo
filosófico y el liberalismo
político y económico, estimulados por el espíritu de la Revolución Francesa (1789) serán
el pensamiento con que los escritores desplazarán al racionalismo
ilustrado para exaltar los sentimientos y concebir la vida como fuerza
creadora en constante movimiento, en plena libertad.
- El triunfo
de la burguesía frente al Antiguo Régimen supone la desilusión de no
cumplir con los nuevas condiciones de vida que preconizaba. Los escritores
manifestarán su descontento con una protesta
contra el mundo burgués.
- La nueva
crisis será una crisis vital
por los problemas políticos, sociales y metafísicos. Se hablará desde uno
mismo, desde el yo como conciencia
desgraciada que busca con ansia el infinito como liberación absoluta.
- La exaltación
del yo implicará la reinvidicación de lo propio, de lo más cercano. De ahí
que los nacionalismos impulsen la lengua y la literatura autóctona.
- Como
prolongación del individualismo, la libertad conllevará a rebelarse contra las reglas y los
cánones estéticos mezclando géneros y estilos. Es una estética basada en
la intensidad y el dramatismo. La figura del héroe será fundamental.
- El lirismo
impregnará las demás artes desdibujando la frontera entre verso y prosa
por el deseo de libertad. Abundarán las descripciones de la Naturaleza,
acorde con el estado de ánimo del narrador o del personaje.
- La creación
meditada y racional, propia de los ilustrados, será rechazada por el gusto
de la espontaneidad e incluso
la inspiración, de carácter sobrenatural.
Principales escritores
románticos españoles
José de Espronceda (1808-1842) es la figura más representativa
de la lírica española por su semejanza con la del inglés Lord Byron, que se
aprecia sobre todo en sus dos grandes poemas narrativos: El estudiante de Salamanca (1837), sobre los amores de un seductor
donjuanesco, y El Diablo Mundo (1841),
extenso poema filosófico en el que describe al hombre como un ser frágil y
solitario que sufre los males de un mundo demoníaco. También escribió poemas
más breves denominados canciones
acerca de individuos al margen de la sociedad. La más conocida es la “Canción
del pirata”. Su estilo está lleno de rítmica y de musicalidad sin perder nunca
su sencillez.
Mariano José de Larra (1809-1837) orientó su obra al periodismo
crítico, pese a que también escribió una novela histórica (El doncel de don Enrique el Doliente, 1834) y teatro (Macías, 1834). Sus artículos se publican en
varias publicaciones periódicas, principalmente en El duende satírico del día y en El
pobrecito hablador, en el que firmaba como Fígaro los artículos literarios,
políticos y de costumbres. Por vivir sólo de su pluma, sin ayuda alguna, se le
puede considerar el primer escritor moderno.
Es sorprendente la actualidad de sus artículos por su temática y por
su actitud.
El Duque de Rivas (1791-1865), cuyo nombre real era Ángel de Saavedra,
inició su trayectoria con Poesías
(1814) y varias tragedias de corte neoclásico, pero es a partir de su exilio en
Londres cuando se inclina por el Romanticismo, marcando un hito con el estreno
de la tragedia Don Álvaro o la fuerza del
sino (1835), que reúne los temas románticos más característicos: amor
pasional, oposición de las convenciones sociales, frustración de no realizarse,
retiro ascético del mundo y la fatalidad del destino.
Rosalía de Castro (1837-1885) es, junto a Bécquer, una
romántica tardía y la precursora de la poesía española moderna; y además es una
figura fundamental en el Rexurdimento
de las letras gallegas en una sociedad donde la lengua de prestigio era sólo el
español. Sus obras poéticas más importantes son Cantares
Gallegos (1863, en
gallego), un poema popular donde se reflejó la sociedad
gallega; Follas Novas (1880, en gallego), donde se alterna la poesía
íntima y la social, y En las orillas del Sar (1884, en español), de carácter íntimo, expresando su angustia
existencial.
José Zorrilla (1817-1893) se dio a conocer cuando leyó un poema
lírico en el entierro de Larra y también escribió poemas épicos y leyendas,
pero su fama le viene de los poemas dramáticos, como El zapatero y el rey (1839), Traidor,
inconfeso y mártir (1849) y sobre todo Don
Juan Tenorio (1844), cuyo argumento ya había sido tratado antes por
Espronceda y Lord Byron. En él tratará el tema del amor, el más habitual de su obra,
desde la sensualidad de la mujer y la inclusión de elementos fantásticos.
Ramón de Campoamor (1817-1901) nació el mismo año que Zorrilla,
pero no suele incluirse en las antologías románticas, quizás por su físico, que
tiene poco de romántico y más de burgués. Escribía para divertirse, una idea
innovadora en la época, y consideraba que la poesía más sublime arranca de la
prosa más sencilla y que el pensamiento hay que expresarlo con una imagen que
podemos visualizar. Las doloras
(1846) se editaron en vida treinta veces. También escribió teatro, filosofía y
narraciones.
Gustavo Adolfo Bécquer (1836-1870) es el nombre con que se conoce a
Gustavo Adolfo Domínguez Bastida. Adoptó el apellido Bécquer por su ascendencia
de nobles flamencos. Bécquer opta por un estilo similar al de Espronceda frente
a la poesía triunfante, llena de pomposidad y de falsa trascendencia. En su
lugar prefiere una poesía íntima y sencilla. Su obra apareció en revistas y
periódicos y no es recopilada hasta 1871 en dos volúmenes titulados Rimas y Leyendas para ayudar económicamente a su viuda y a sus hijos. En su
obra está muy presente la pobreza y la soledad urbana (viajó a Madrid con 18
años), pero sobre todo es una obra vital. La propia vida aparece en su poesía y
por eso habla (por primera vez en español) de la vida en la ciudad y de sus
numerosos amores sin ningún tipo de pudor, pero sí con miedo al comportamiento ridículo,
“el mal moderno”. De aire bohemio, seductor, usa la libertad de pensamiento,
que sustituye a la rebeldía. Desdeña la imagen del romántico y se esconde bajo
una figura vulgar.
El elemento popular está muy presente en sus obras, quizás se aprecia
mejor en sus leyendas, muchas basadas en relatos orales pero algunas surgidas
de su propia pluma. Su obra poética (titulada originalmente Libro de los gorriones) apenas consta de
ochenta rimas, ordenadas por sus amigos y escritas con un lenguaje tan natural
como si estuviera hablando. Así es como se ha convertido en un referente para
gran parte de la poesía española actual.
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