lunes, 31 de agosto de 2015

Ilustración y Romanticismo

ILUSTRACIÓN

Época en la que se desarrolla: Siglo XVIII (Siglo de las luces)

Características generales de la Ilustración

  1. La cultura europea, encabezada por Francia, manifiesta su preferencia por el uso de la razón en todas las actividades de la vida humana. El movimiento racionalista es difundido por el grupo de la Encyclopédie, editada por Diderot y D’Alembert, quienes a su vez seguían la corriente de filósofos de finales del siglo XVII como Bacon, Spinoza, Locke o Descartes.
  2. En España se crean instituciones a semejanza de las francesas: Biblioteca Nacional (1712), Real Academia Española (1713), Real Academia de la Historia (1735) y las Sociedades de Amigos del País. Su objetivo será reunir las diversas fuentes de conocimiento y rescatar, conservar y divulgar el patrimonio cultural.
  3. El pensamiento reformista de la decadencia barroca supone un nuevo concepto del arte y de la literatura: el Neoclasicismo, que pretende establecer una armonía perfecta entre la naturaleza y el hombre valiéndose de la razón, pues sólo lo que es razonable es natural. Hay que obedecer las reglas establecidas por los hombres de acuerdo con la leyes de la naturaleza, que será el modelo a imitar.
  4. Las formas clásicas de los escritores grecolatinos serán retomadas desde esta nueva conciencia, donde la expresión de los sentimientos no tiene cabida. A fin de lograr la rápida asimilación del nuevo pensamiento, los intelectuales llevarán a cabo una dura crítica social de las costumbres cívicas y religiosas.

Principales escritores ilustrados españoles
     José Cadalso (1741-1782). Fue un gran conocedor de la cultura europea de su tiempo y conoció a ilustrados como Voltaire, pero también leyó a los prerrománticos ingleses, franceses y alemanes (Blake, Novalis, Schlegel, Goethe, etc.). Aunque la obra que le dio fama es Los eruditos a la violeta (1772) hoy es reconocido sobre todo por las póstumas Cartas marruecas (1793) y Noches lúgubres (1798).
     Leandro Fernández de Moratín (1760-1828). Escribió poesía y teatro, como su padre Nicolás Fernández de Moratín, pero su fama le ha sido dada por el teatro, al que dedicó sus esfuerzos para reformarlo con La comedia nueva (1792) y El sí de las niñas (1805). La calidad de su obra le valió el apoyo de los nobles y los políticos españoles, entre ellos Godoy, el regente durante la dominación francesa.


ROMANTICISMO

Época en la que se desarrolla: Siglo XIX

Características generales del Romanticismo


  1. El Romanticismo no sólo es una corriente estética, sino que es el producto de una profunda crisis. El idealismo filosófico y el liberalismo político y económico, estimulados por el espíritu de la Revolución Francesa (1789) serán el pensamiento con que los escritores desplazarán al racionalismo ilustrado para exaltar los sentimientos y concebir la vida como fuerza creadora en constante movimiento, en plena libertad.
  2. El triunfo de la burguesía frente al Antiguo Régimen supone la desilusión de no cumplir con los nuevas condiciones de vida que preconizaba. Los escritores manifestarán su descontento con una protesta contra el mundo burgués.
  3. La nueva crisis será una crisis vital por los problemas políticos, sociales y metafísicos. Se hablará desde uno mismo, desde el yo como conciencia desgraciada que busca con ansia el infinito como liberación absoluta.
  4. La exaltación del yo implicará la reinvidicación de lo propio, de lo más cercano. De ahí que los nacionalismos impulsen la lengua y la literatura autóctona.
  5. Como prolongación del individualismo, la libertad conllevará a rebelarse contra las reglas y los cánones estéticos mezclando géneros y estilos. Es una estética basada en la intensidad y el dramatismo. La figura del héroe será fundamental.
  6. El lirismo impregnará las demás artes desdibujando la frontera entre verso y prosa por el deseo de libertad. Abundarán las descripciones de la Naturaleza, acorde con el estado de ánimo del narrador o del personaje.
  7. La creación meditada y racional, propia de los ilustrados, será rechazada por el gusto de la espontaneidad e incluso la inspiración, de carácter sobrenatural.

Principales escritores románticos españoles

     José de Espronceda (1808-1842) es la figura más representativa de la lírica española por su semejanza con la del inglés Lord Byron, que se aprecia sobre todo en sus dos grandes poemas narrativos: El estudiante de Salamanca (1837), sobre los amores de un seductor donjuanesco, y El Diablo Mundo (1841), extenso poema filosófico en el que describe al hombre como un ser frágil y solitario que sufre los males de un mundo demoníaco. También escribió poemas más breves denominados canciones acerca de individuos al margen de la sociedad. La más conocida es la “Canción del pirata”. Su estilo está lleno de rítmica y de musicalidad sin perder nunca su sencillez.
     Mariano José de Larra (1809-1837) orientó su obra al periodismo crítico, pese a que también escribió una novela histórica (El doncel de don Enrique el Doliente, 1834) y teatro (Macías, 1834). Sus artículos se publican en varias publicaciones periódicas, principalmente en El duende satírico del día y en El pobrecito hablador, en el que firmaba como Fígaro los artículos literarios, políticos y de costumbres. Por vivir sólo de su pluma, sin ayuda alguna, se le puede considerar el primer escritor moderno.
Es sorprendente la actualidad de sus artículos por su temática y por su actitud.
     El Duque de Rivas (1791-1865), cuyo nombre real era Ángel de Saavedra, inició su trayectoria con Poesías (1814) y varias tragedias de corte neoclásico, pero es a partir de su exilio en Londres cuando se inclina por el Romanticismo, marcando un hito con el estreno de la tragedia Don Álvaro o la fuerza del sino (1835), que reúne los temas románticos más característicos: amor pasional, oposición de las convenciones sociales, frustración de no realizarse, retiro ascético del mundo y la fatalidad del destino.
     Rosalía de Castro (1837-1885) es, junto a Bécquer, una romántica tardía y la precursora de la poesía española moderna; y además es una figura fundamental en el Rexurdimento de las letras gallegas en una sociedad donde la lengua de prestigio era sólo el español. Sus obras poéticas más importantes son Cantares Gallegos (1863, en gallego), un poema popular donde se reflejó la sociedad gallega; Follas Novas (1880, en gallego), donde se alterna la poesía íntima y la social, y En las orillas del Sar (1884, en español), de carácter íntimo, expresando su angustia existencial.
     José Zorrilla (1817-1893) se dio a conocer cuando leyó un poema lírico en el entierro de Larra y también escribió poemas épicos y leyendas, pero su fama le viene de los poemas dramáticos, como El zapatero y el rey (1839), Traidor, inconfeso y mártir (1849) y sobre todo Don Juan Tenorio (1844), cuyo argumento ya había sido tratado antes por Espronceda y Lord Byron. En él tratará el tema del amor, el más habitual de su obra, desde la sensualidad de la mujer y la inclusión de elementos fantásticos.
     Ramón de Campoamor (1817-1901) nació el mismo año que Zorrilla, pero no suele incluirse en las antologías románticas, quizás por su físico, que tiene poco de romántico y más de burgués. Escribía para divertirse, una idea innovadora en la época, y consideraba que la poesía más sublime arranca de la prosa más sencilla y que el pensamiento hay que expresarlo con una imagen que podemos visualizar. Las doloras (1846) se editaron en vida treinta veces. También escribió teatro, filosofía y narraciones.
     Gustavo Adolfo Bécquer (1836-1870) es el nombre con que se conoce a Gustavo Adolfo Domínguez Bastida. Adoptó el apellido Bécquer por su ascendencia de nobles flamencos. Bécquer opta por un estilo similar al de Espronceda frente a la poesía triunfante, llena de pomposidad y de falsa trascendencia. En su lugar prefiere una poesía íntima y sencilla. Su obra apareció en revistas y periódicos y no es recopilada hasta 1871 en dos volúmenes titulados Rimas y Leyendas para ayudar económicamente a su viuda y a sus hijos. En su obra está muy presente la pobreza y la soledad urbana (viajó a Madrid con 18 años), pero sobre todo es una obra vital. La propia vida aparece en su poesía y por eso habla (por primera vez en español) de la vida en la ciudad y de sus numerosos amores sin ningún tipo de pudor, pero sí con miedo al comportamiento ridículo, “el mal moderno”. De aire bohemio, seductor, usa la libertad de pensamiento, que sustituye a la rebeldía. Desdeña la imagen del romántico y se esconde bajo una figura vulgar.
El elemento popular está muy presente en sus obras, quizás se aprecia mejor en sus leyendas, muchas basadas en relatos orales pero algunas surgidas de su propia pluma. Su obra poética (titulada originalmente Libro de los gorriones) apenas consta de ochenta rimas, ordenadas por sus amigos y escritas con un lenguaje tan natural como si estuviera hablando. Así es como se ha convertido en un referente para gran parte de la poesía española actual.

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