lunes, 20 de junio de 2016

Ariadna Castellarnau: "Quema"

El último invierno antes de la Quema fue feroz. Una capa de hielo fina e invisible se posó en el pueblo, borró el cielo y fundió todos los días en un mismo día. Los fuegos ardían en las chimeneas pero no lograban calentar las casas. Por las mañanas salíamos  apalear la nieve para despejar la entrada de la casa aunque sabíamos que con este tiempo no íbamos a ir a ninguna parte y que nadie iba a acercarse hasta nuestra puerta. Murieron muchos perros y animales de granja. Sólo las bestias salvajes lograron sobreponerse por un tiempo breve, alojándose en lo más profundo del bosque, buscando el resguardo de los árboles. Confiábamos en que cuando llegara la primavera, que cuando llegara el verano, las cosas iban a mejorar. Pero se deshizo la nieve y todo siguió igual. Como si el invierno hubiera agarrotado la tierra y le hubiera matado el corazón y nada bueno pudiese salir ya de su seno.

(Ariadna Castellarnau: “Quema”)

sábado, 11 de junio de 2016

Karl Ove Knausgärd: La isla de la infancia


"Claro está que yo no recuerdo nada de aquella época. Resulta completamente imposible identificarse con ese bebé al que mis padres hacían fotos; resulta tan difícil que casi parece incorrecto emplear la palabra «yo» para hablar de aquello. Tumbado en el cambiador, por ejemplo, con la piel inusualmente roja, las piernas y los brazos abiertos y una cara retorcida en un grito cuya causa ya nadie recuerda, o sobre una piel de oveja en el suelo con un pijama blanco, todavía con la cara roja y unos grandes ojos oscuros ligeramente bizcos. [...] Se seguirá hablando de él como «Karl Ove». ¿No es, en realidad, increíble que un solo nombre contenga todo esto? ¿Que contenga el feto en el vientre, el bebé en el cambiador, el cuarentón detrás del ordenador, el anciano en el sillón, el cadáver sobre la mesa? ¿No sería más natural operar con distintos nombres, ya que la identidad y el concepto de uno mismo varían tantísimo? Algo así como que el feto se llamara Jens Ove, por ejemplo, el bebé Nils Ove, el niño de entre los cinco y los diez años Per Ove, el de entre diez y doce años Geir Ove, el de entre diecisiete y veintitrés John Ove, el de entre veintitrés y treinta y dos Tor Ove, etcétera, etcétera. Entonces el primer nombre representaría lo propio de la edad, el segundo nombre la continuidad y el apellido la pertenencia familiar." (Karl Ove Knausgärd: La isla de la infancia)
Hace unos años Karl Ove Knausgärd publicó en Noruega seis novelas en las que contaba su vida con todo tipo de detalles, hasta el punto de que le causaron muchos problemas con su familia y sus amigos. Fue un gesto muy arriesgado y muy honesto, un esfuerzo por pensar qué ha sido de su vida y hacerlo con el rigor que implica escribir. La literatura es un gran riesgo, aunque a algunos les cueste creerlo, porque es exponer los más íntimos pensamientos.