miércoles, 17 de agosto de 2016

Ana Frank: "Diario"


"Viernes, 9 de octubre de 1942

Querida Kitty:
Hoy no tengo más que noticias desagradables y desconsoladoras para contarte. A
nuestros numerosos amigos y conocidos judíos se los están llevando en grupos. La
Gestapo no tiene la mínima consideración con ellos, los cargan nada menos que en
vagones de ganado y los envían a Westerbork, el gran campo de concentración para judíos en la provincia de Drente. Miep nos ha hablado de alguien que logró fugarse de allí. Debe de ser un sitio horroroso. A la gente no le dan casi de comer y menos de beber. Sólo hay agua una hora al día, y no hay más que un retrete y un lavabo para varios miles de personas. Hombres y mujeres duermen todos juntos, y a estas últimas y a los niños a menudo les rapan la cabeza. Huir es prácticamente imposible. Muchos llevan la marca inconfundible de su cabeza rapada o también la de su aspecto judío. 
Si ya en Holanda la situación es tan desastrosa, ¿cómo vivirán en las regiones apartadas y bárbaras adonde los envían? Nosotros suponemos que a la mayoría los matan. La radio inglesa dice que los matan en cámaras de gas, quizá sea la forma más rápida de morir. Estoy tan confusa por las historias de horror tan sobrecogedoras que cuenta Miep y que también a ella la estremecen. Hace poco, por ejemplo, delante de la puerta de su casa se había sentado una viejecita judía entumecida esperando a la Gestapo, que había ido a buscar una furgoneta para llevársela. La pobre vieja estaba muy atemorizada por los disparos dirigidos a los aviones ingleses que sobrevolaban la ciudad, y por el relampagueo de los reflectores. Sin embargo, Miep no se atrevió a hacerla entrar en su casa. Nadie lo haría. Sus señorías alemanas no escatiman medios para castigar.
También Bep está muy callada; al novio lo mandan a Alemania.
Cada vez que los aviones sobrevuelan nuestras casas, ella tiene miedo de que suelten sus cargas explosivas de hasta mil toneladas en la cabeza de su Bertus. Las bromas del tipo «seguro que no le caerán mil toneladas» y «con una sola bomba basta» me parece que están un tanto fuera de lugar. Bertus no es el único, todos los días salen trenes llenos de muchachos holandeses que van a trabajar a Alemania. En el camino, cuando paran en alguna pequeña estación, algunos se bajan a escondidas e intentan buscar refugio. Una pequeña parte de ellos quizá lo consiga."

lunes, 4 de julio de 2016

Roberto Arlt:"Acuérdate de Azerbaiján"

- Está escrito que Alá pierde a los que quiere perder, hermano. Está escrito. ¿Te acuerdas del noble Azerbaijan? Le dejaste por muerto junto a la silla del Buda, pero vivió el tiempo suficiente para hacerle jurar a mi madre que yo, su hijo, lo vengaría. Me ha sido fácil encontrarte. Mi madre sabía que tú vendrías a Tánger a deslumbrar a los creyentes con tu fortuna robada.
Gruesas gotas de sudor crecían en la frente de Mahomet. Su boca entreabierta dejaba ver el fondo de la garganta, y no se atrevía a moverse. Sabía que el barberillo estaba allí trabajando en el Bazar de los Sederos hacía dos años con el exclusivo fin de tomarse venganza cortándole el pescuezo.
-Puedes rezar "la oración del miedo" -susurró el hombre de Ceilán-. Quizá el Misericordioso te la tenga en cuenta.
A pocos pasos del sedero sus camaradas, agrupados en torno de un vendedor de té, reían una historia de mujeres negras. Y ellos no sospechaban que él estaba entre las manos de un hombre que, dentro de algunos instantes, lo degollaría como a un cordero, profundamente; y ya sentía el filo de la navaja penetrar en su carne, y quería gritar y no podía. Grandes nubes rojas circulaban frente a sus ojos; el hombre de Ceilán le parecía un gigante inclinado sobre él entre bloques de montañas escarlatas. Dentro de su cuerpo una tensión misteriosa le asfixiaba, retorciéndole fibra por fibra; de su enemigo ahora solo distinguía la doble hilera brillante de los blancos dientes; y, de pronto, al sentir el frío acero rozando su piel un dolor atroz como si fuera un dolor de muelas en el corazón, le paralizó la respiración. Y súbitamente, el corpachón encogido se relajó sobre el respaldar del sillón, y la cabeza se deslizó hacia un costado.
El mancebo retrocedió. Un hilo de sangre escapaba de la boca del sedero. Y el mancebo comprendió que Mahomet se había muerto de miedo.

(Roberto Arlt: "Acuérdate de Azerbaiján")

lunes, 20 de junio de 2016

Ariadna Castellarnau: "Quema"

El último invierno antes de la Quema fue feroz. Una capa de hielo fina e invisible se posó en el pueblo, borró el cielo y fundió todos los días en un mismo día. Los fuegos ardían en las chimeneas pero no lograban calentar las casas. Por las mañanas salíamos  apalear la nieve para despejar la entrada de la casa aunque sabíamos que con este tiempo no íbamos a ir a ninguna parte y que nadie iba a acercarse hasta nuestra puerta. Murieron muchos perros y animales de granja. Sólo las bestias salvajes lograron sobreponerse por un tiempo breve, alojándose en lo más profundo del bosque, buscando el resguardo de los árboles. Confiábamos en que cuando llegara la primavera, que cuando llegara el verano, las cosas iban a mejorar. Pero se deshizo la nieve y todo siguió igual. Como si el invierno hubiera agarrotado la tierra y le hubiera matado el corazón y nada bueno pudiese salir ya de su seno.

(Ariadna Castellarnau: “Quema”)

sábado, 11 de junio de 2016

Karl Ove Knausgärd: La isla de la infancia


"Claro está que yo no recuerdo nada de aquella época. Resulta completamente imposible identificarse con ese bebé al que mis padres hacían fotos; resulta tan difícil que casi parece incorrecto emplear la palabra «yo» para hablar de aquello. Tumbado en el cambiador, por ejemplo, con la piel inusualmente roja, las piernas y los brazos abiertos y una cara retorcida en un grito cuya causa ya nadie recuerda, o sobre una piel de oveja en el suelo con un pijama blanco, todavía con la cara roja y unos grandes ojos oscuros ligeramente bizcos. [...] Se seguirá hablando de él como «Karl Ove». ¿No es, en realidad, increíble que un solo nombre contenga todo esto? ¿Que contenga el feto en el vientre, el bebé en el cambiador, el cuarentón detrás del ordenador, el anciano en el sillón, el cadáver sobre la mesa? ¿No sería más natural operar con distintos nombres, ya que la identidad y el concepto de uno mismo varían tantísimo? Algo así como que el feto se llamara Jens Ove, por ejemplo, el bebé Nils Ove, el niño de entre los cinco y los diez años Per Ove, el de entre diez y doce años Geir Ove, el de entre diecisiete y veintitrés John Ove, el de entre veintitrés y treinta y dos Tor Ove, etcétera, etcétera. Entonces el primer nombre representaría lo propio de la edad, el segundo nombre la continuidad y el apellido la pertenencia familiar." (Karl Ove Knausgärd: La isla de la infancia)
Hace unos años Karl Ove Knausgärd publicó en Noruega seis novelas en las que contaba su vida con todo tipo de detalles, hasta el punto de que le causaron muchos problemas con su familia y sus amigos. Fue un gesto muy arriesgado y muy honesto, un esfuerzo por pensar qué ha sido de su vida y hacerlo con el rigor que implica escribir. La literatura es un gran riesgo, aunque a algunos les cueste creerlo, porque es exponer los más íntimos pensamientos.

domingo, 22 de mayo de 2016

"El ruido de un trueno", de Ray Bradbury

El anuncio en la pared parecía temblar bajo una móvil película de agua caliente. Eckels sintió que parpadeaba, y el anuncio ardió en la momentánea oscuridad:
SAFARI EN EL TIEMPO S.A. SAFARIS A CUALQUIER AÑO DEL PASADO. USTED ELIGE EL ANIMAL NOSOTROS LO LLEVAMOS ALLÍ, USTED LO MATA.
Una flema tibia se le formó en la garganta a Eckels. Tragó saliva empujando hacia abajo la flema. Los músculos alrededor de la boca formaron una sonrisa, mientras alzaba lentamente la mano, y la mano se movió con un cheque de diez mil dólares ante el hombre del escritorio.
-¿Este safari garantiza que yo regrese vivo?
-No garantizamos nada -dijo el oficial-, excepto los dinosaurios. -Se volvió-. Este es el señor Travis, su guía safari en el pasado. Él le dirá a qué debe disparar y en qué momento. Si usted desobedece sus instrucciones, hay una multa de otros diez mil dólares, además de una posible acción del gobierno, a la vuelta. (Ray Bradbury: "El ruido de un trueno")

miércoles, 11 de mayo de 2016

Ceguera moral


"Hay, siempre ha habido, tres razones para estar asustado. Una ha sido (es y será) la ignorancia: no saber qué pasará a continuación, cuán vulnerables somos a los golpes, qué tipo de golpes serán y de dónde procederán. La segunda fue (es y será) la impotencia: la sospecha de que no hay nada o prácticamente nada que podamos hacer para evitar un golpe o desviarlo cuando nos alcance. La tercera fue (es y será) la humillación, derivada de las otras dos: la amenaza inminente a nuestra autoestima y a la confianza que depositamos en nosotros mismos cuando se revela que no hicimos todo lo que podríamos haber hecho, que nuestra falta de atención a las señales, nuestras indebidas dilaciones, nuestra indolencia o falta de voluntad es en gran parte responsable de la devastación causada por el golpe." (Zygmunt Bauman y Leonidas Donskis: Ceguera moral)

viernes, 6 de mayo de 2016

El gato que venía del cielo


"Arrebatado por el entusiasmo, el niño jugaba a menudo en la zona donde el sendero giraba sin
dejar de proferir en ningún momento unos gritos agudos. Rara vez tenía ocasión de cruzarme con él,
dado que nuestro ritmo de vida era muy distinto: yo solía quedarme hasta la medianoche inclinado
sobre la mesa de trabajo. Sin embargo, un día se escuchó: «¡Quiero quedarme con el gato!». La voz
que manifestaba con toda claridad la voluntad infantil franqueó el muro y llegó hasta la mesa donde
disfrutábamos de un desayuno tardío. Unos días antes, había visto a un gatito que iba y venía a
saltitos por el minúsculo jardín del pabellón, que solo servía para tender la ropa, y al escuchar la voz
del niño no pude evitar una sonrisa.
Cuando más adelante lo pensé, comprendí que fue en ese instante cuando todo se desencadenó."

lunes, 18 de abril de 2016

Contra el arte


Los mínimos gestos que a lo largo del día condicionan nuestra vida son una poderosa fuente de construcción de valores. Apretar un botón para oír música, para ver imágenes, para recibir correo, para oír la voz de alguien, para que salga café, chicle o monedas, para que haya luz o calor, estos gestos mínimos que condicionan nuestra vida a través de todas las sensaciones son, no nos engañemos, una poderosa fuente de construcción de valores. (Chantal Maillard, Contra el arte y otras imposturas)

[Y yo, Óscar, añadiría: un saludo, una sonrisa, acercarse para hablar con alguien o llamarlo, escuchar con atención a quien nos habla incluso cuando no nos interesa lo que dice. Estos gestos también construyen valores; es decir, que le demos valor a la otra persona, que le demostremos cuánto nos importa y que, de este modo, también demostremos nuestro propio valor]


sábado, 9 de abril de 2016

Lo que mueve el mundo



- Robert, en tu opinión, ¿qué es lo que mueve el mundo? – le preguntó Herman en cierta ocasión –. Según Nietzsche, esa oscura fuerza es el poder; para Marx, se trata de la economía; y, según Freud, es el amor. ¿Quién tiene razón, según tú? ¿Qué es lo que nos hace vivir?
- ¿Y a ti qué te parece? – le soltó Robert, a fin de ganar tiempo.
- Estoy de acuerdo con Nietzsche – decidió Herman, con seguridad –. Es el poder lo que mueve el mundo.
- Yo tengo mis dudas – atrevió a objetar Robert –. Al principio he pensado que esa fuerza secreta era la economía… Además ya sabes cuánto admiro a Marx.
- Sí, claro.
- Pero no, Herman. ¡Lo que nos hace vivir es el amor! Esa fuerza profunda es el amor. O eso quiero creer, al menos. En eso estoy de acuerdo con Freud.

(Kirmen Uribe, Lo que mueve el mundo)